La jaula de oro

¿A veces sientes que estás encerrado? ¿Como si no pudieras hacer o decir lo que realmente quieres o sientes? ¿Sientes que te ahogas? ¿Qué las paredes de tu casa o de tu lugar de trabajo se te caen encima? Quizá estás enjaulado y no lo sabes. Yo lo estaba.

Es curioso cómo con el paso del tiempo podemos ver las cosas de forma distinta. Con la perspectiva que te da la distancia. A mí personalmente me pasó con mi jaula. He estado encerrada en ella tanto tiempo (de hecho no sé si estoy fuera al 100%), que ni siquiera recuerdo cuando ni cómo me quedé atrapada dentro.

Lo más complicado del tema es que las jaulas de las que te hablo son totalmente invisibles a los ojos humanos corrientes. Durante todos esos años de cautiverio no me daba cuenta en absoluto de que estaba encerrada. ¿Cómo iba a estarlo? Hacía lo que me daba la gana ¿no? Todo estaba en su sitio. Todo seguía el plan establecido. Todo era como se suponía que bebía ser.
Acabé una carrera después de mucho esfuerzo y sacrificio, encontré un buen trabajo cerca de mi casa, me enamoré de un chico estupendo, me independicé, tenía un mes de vacaciones para viajar a donde me apeteciera, tenía amigos con los que irme de copas y me daba los caprichos que quería. Que de p*** madre ¿no? Era casi una falta de respeto quejarse de una vida así. En plena crisis económica tener trabajo y un lugar donde ir a dormir era como estar en la cima de la clase media. Ahí empieza el conformismo atroz que nos paraliza a muchos.

Había creado una vida estupenda a ojos de los demás. Una vida donde todo encajaba a la perfección. Todo menos yo. Sentía que faltaba algo, algo que busqué fuera al principio: la casa perfecta, el viaje de mis sueños, el máster de no sé qué. Pero no estaba fuera.

En mi vida faltaba lo más importante. Yo. Ya no quedaba nada de mí.

Sin darme cuenta me había esforzado tanto en hacer lo que se suponía que debía hacer que me perdí a mi misma por el camino.

No voy a engañarte. Fue jodido reconocer esto. Y no me refiero a entender a nivel racional o mental lo que estaba ocurriendo. Sino sentir de verdad que yo no estaba allí. Ver que estaba viviendo una vida prefabricada, de molde, carente de sentido para mí.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que estás desaprovechando tu tiempo y tu talento? Te has preguntado mil veces ¿qué narices estoy haciendo con mi vida? ¿Ves a gente que lucha por sus sueños por muy locos que sean y en el fondo sientes una profunda envidia? Pues entonces sabes perfectamente de qué te hablo. Durante años sentía que mi entusiasmo y mi creatividad se morían lentamente. Y que la apatía y el conformismo ganaban terreno a pasos de gigante. Hasta que dije ¡Basta!

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Dicen que cuando caes muy abajo lo único que puedes hacer es subir. Después de las grandes crisis personales (pérdidas, enfermedades, separaciones…) la gente despierta y cambia de rumbo.

Pero ¿y si no caes? ¿No puedes despertar?

En mi caso no caí, o al menos yo lo considero así.  Mis circunstancias de vida eran favorables objetivamente hablando. Tanto, que estaba viviendo en una fantástica jaula de oro. Y de repente la vi. Mi mirada cambió. Me di cuenta de lo que estaba ocurriendo y cogí las riendas. ¿Cómo lo hice?

Supongo que era mi momento. A todos nos llega tarde o temprano. Creo que la clave reside en la atención y no en la reflexión. Centrarse en el para qué y no en el por qué. ¿Para qué haces lo que haces? ¿Cuál es la finalidad última de todo lo que dedicas tu energía? El por qué nos lleva al pasado a la mente analítica y racional. El para qué nos lleva al futuro, nos acerca a nuestros objetivos, nos focaliza y nos motiva.

Lo que quiero decir al fin y al cabo es que no te creas la película que te han vendido. No te conformes con una vida que no has diseñado tú. Pon atención. Observa. No te dejes arrastrar por el ritmo frenético del día a día. Coge perspectiva y date cuenta de si estás o no donde quieres estar.

Si algo no te gusta, cámbialo. Puedes elegir. Debes elegir.

¿Te imaginas un mundo en el que cada ser humano se dedicara en cuerpo y alma a crear la vida que desea? ¿Donde cada uno desarrollara sus talentos y viviera acorde a sus valores? Muchos ya hemos empezado a hacerlo. A pesar de las dudas, la incertidumbre y los miedos. Hay algo más fuerte que nos lleva inevitablemente hacia adelante. La necesidad de ser los capitanes de nuestras vidas.

Y tú, ¿ya has cogido el timón? Será un placer leerte en los comentarios.

¡Un fuerte abrazo inspirados!

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